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El escritor marca

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  El mundo de la literatura está cambiando. Se acabó la época dorada en la que un escritor enviaba un manuscrito a una editorial y se sentaba a esperar los beneficios. Hoy en día, el escritor tiene que evolucionar si quiere ser leído. El capitalismo ha triunfado, incluso, en el mundo de la literatura y, por eso, el escritor ha de convertirse en una marca. Tiene que comprender que se ha convertido en un producto que debe venderse. Ya no es cierta la antigua máxima de que el buen paño en el arca se vende. Esa expresión  pudo funcionar en el pasado. Hoy suena casi medieval. Lo peor de todo es que el tiempo que un escritor debe invertir en promocionarse es tiempo que no emplea ni en sí mismo ni es su arte. Existe una poderosa confrontación entre la promoción, la vida y el arte. De ahí, la precariedad en la que se arrastran muchos escritores que han optado por dedicar su vida a la literatura. Escribir sin más, en estos momentos, es un acto de resistencia. 

Cuestión de géneros

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Empezó a gustarme en la adolescencia. Supongo que me deslumbró lo sofisticada que me parecía. Su forma de entender la vida. Sus ropajes. Sus adornos. En el fondo se trataba de bisutería, pero yo no podía dejar de mirarla ni de frecuentarla. A esa edad es bastante normal. Aunque también estaban los otros. Al principio, tonteaba con ellos. Los veía solo como un juego. ¿A quién le podía importar que pasara un buen rato con ellos si, en realidad, a mí lo que me volvía loco era ella? Pero el entorno tiene mucho más peso e influencia sobre nosotros de lo que creemos. Quienes me conocían de verdad me aconsejaban lo mismo. Déjala. No seas tradicional. Es algo del pasado, de la adolescencia. No tiene sentido que te ates a ella. Ya no se lleva. Dedícate a ellos. Se te dan mucho mejor. Y yo empecé a creérmelo. Me di cuenta de cuánto me gustaban ellos. Me daba igual su aspecto. Más grandes. Más pequeños. Más sobrios. Más complicados. Eran mucho más versátiles. Podía estar con ellos y t...

Café Chejov

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En Hispanoamericana existe una grandísima tradición del género breve. Supongo que esa es la razón por la que han creado esa maravilla llamada  Café Chejov.

Unos cuantos pasos atrás

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  Últimamente me cuesta conectar con libros, autores, películas o grupos nuevos. Como buen intelectual, se supone que tengo que estar al día y que debo conocer las últimas tendencias. Lo siento. Me temo que es agotador. Es imposible abarcar un panorama tan amplio como el actual. Siempre habrá algo que me esté perdiendo. Si lo pienso, me causa frustración. Por eso, en lugar de intentar conseguirlo, creo que es mejor renunciar a ello, dar unos cuantos pasos atrás, disfrutar con los clásicos, sean contemporáneos o formen parte ya del canon, y a partir de ahí, pararnos  a reflexionar y evolucionar sin prisa ni presiones en busca de nuestra propia voz. La cultura no debería ser un objeto de consumo, sino un refugio donde disfrutar. (Re) Leyendo: Rebelión en la granja de George Orwell

Novelas cortas

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  A todos los lectores empedernidos nos pasa. Tenemos un montón de libros apilados en casa por leer y, sin embargo, seguimos comprando libros o yendo a la biblioteca a por más materia prima. No sé cómo lo hacéis vosotros. A mí me da por leer autores o géneros, hasta que me aburro y busco otro patrón de lectura. Ahora mismo me ha dado por las novelas cortas. He buscado en google cuales son las mejores y voy a intentar leer todas las que pueda. Muchas de las que sugiere el algoritmo ya las he leído. Otras no. De momento, en esta nueva racha llevo Bartleby el escribiente, La perla, Muerte en Venecia y En el café de la juventud perdida . Espero continuar con la lista. 

Relecturas

Para mí, existen dos tipos de vacaciones. Las viajeras, en las que voy de un sitio a otro sin parar y en las que me puede la curiosidad y el hambre de conocer lugares nuevos y las vacaciones de verdad, las que utilizo para descansar y reencontrarme conmigo mismo. Este año me ha dado por releer libros que ya he leído un montón de veces. Se podría decir que forman parte de mi canon particular. Supongo que lo hago para reencontrar no ya tanto mi voz, como esos sentimientos que me empujaron a escribir. Ya sabéis que llevo un tiempo de crisis en el que me cuesta escribir.  Parafraseando a Heráclito, un libro nunca se puede leer dos veces. Cuando releemos no somos la misma persona que leyó el libro por primera vez, sobre todo, si releemos libros como El Gran Gatsby que leí por primera vez con catorce años. Pero me gusta la sensación. Siento como si el libro fuera un nexo de unión con ese adolescente que ya no soy.