Cuestión de géneros
Empezó a gustarme en la adolescencia. Supongo que me deslumbró lo sofisticada que me parecía. Su forma de entender la vida. Sus ropajes. Sus adornos. En el fondo se trataba de bisutería, pero yo no podía dejar de mirarla ni de frecuentarla. A esa edad es bastante normal. Aunque también estaban los otros. Al principio, tonteaba con ellos. Los veía solo como un juego. ¿A quién le podía importar que pasara un buen rato con ellos si, en realidad, a mí lo que me volvía loco era ella? Pero el entorno tiene mucho más peso e influencia sobre nosotros de lo que creemos. Quienes me conocían de verdad me aconsejaban lo mismo. Déjala. No seas tradicional. Es algo del pasado, de la adolescencia. No tiene sentido que te ates a ella. Ya no se lleva. Dedícate a ellos. Se te dan mucho mejor. Y yo empecé a creérmelo. Me di cuenta de cuánto me gustaban ellos. Me daba igual su aspecto. Más grandes. Más pequeños. Más sobrios. Más complicados. Eran mucho más versátiles. Podía estar con ellos y tratarlos como si continuara con ella. Me fue bien. Durante muchos años me sentí orgulloso de mi condición. Incluso salí del armario y se lo comenté a todos. A mí me gustan ellos. Todos. Tanto los que me duran unas horas como los que me duran semanas, meses o años. No lograba comprender porque había perdido tanto el tiempo en mi adolescencia con ella. Hasta que volvió de nuevo. Tendría poco más de cuarenta cuando me reencontré con ella. No pude resistirme más. Los dejé a todos y me volqué en ella. Ya no era un adolescente, sino un adulto y sabía muy bien lo que quería. Sí, había disfrutado mucho con ellos, pero ella era capaz de darme mucho más placer. Sabía muy bien lo que me gustaba. Mis puntos erógenos. Me llevó al orgasmo más de una vez. Me volvía loco tanto desnuda como con todas sus joyas. Eran de puro oro. Pura orfebrería. A veces me cruzaba con ellos. No los hacía ni caso. Bueno, no solía hacerles caso. Por lo general, no volvía a ellos. Aunque en ocasiones, por recordar los buenos tiempos. Total, qué más daba. ¿Somos humanos, no? El instinto es débil. No sé. Ahora, después de seis o siete años de convivencia me pregunto si no debía volver otra vez con ellos. En realidad, lo mío son los relatos. Aunque la poesía...
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